dimarts, 19 juny de 2012

La montaña mágica (Der Zauberberg, 1924). Thomas Mann (fragment)


“- La fiesta del solsticio...-dijo Hans Castorp-. El solsticio de verano... Las hogueras de San Juan, los corros, los bailes en torno al fuego... Nunca lo he visto, pero parece que es así como los hombres primitivos celebran esa primera noche del verano con la que ya comienza el otoño, ese mediodía y ese clímax del ciclo anual que inmediatamente empieza a descender. Bailan y giran y están alegres. ¿De qué se alegran en su primitiva sencillez? ¿Tú te lo explicas? ¿Por qué están tan contentos? ¿Por qué a partir de ahí se emprende el descenso hacia la oscuridad, o tal vez porque ahí culmina el ascenso de todos los días anteriores, porque es el punto de inflexión inevitable, el solsticio de verano, el clímax del año, el momento de máximo orgullo a pesar del dolor que implica? Los hombres primitivos festejaban y danzaban alrededor de las hogueras movidos por un orgullo lleno de melancolía y una melancolía llena de orgullo; por una especie de desesperación positiva, si quieres darle ese nombre; lo hacen en honor de la paradoja del círculo y de esa eternidad sin duración y sin direccionalidad en la que todo vuelve y se repite una y otra vez.”


Thomas Mann
La montaña mágica (Der Zauberberg, 1924)
Editorial Edhasa.
Traducció Isabel García Adánez

1 comentari:

  1. Gràcies, Eduard, per aquest tastet tan adient per als dies que s'aproximen.

    ResponElimina